Miles de ecuatorianos cruzaron fronteras en silencio. Hoy, con cada dólar enviado desde bodegas en Queens o peluquerías en Newark, se elevan muros y balcones en Azuay. En parroquias como Victoria del Portete, Ricaurte o San Joaquín, el dinero migrante se transforma en viviendas con techos relucientes y estructura de dos pisos que redefinen el paisaje.
Azuay fue la segunda provincia más beneficiada en 2024, sumando USD 1 146,7 millones; solo en el primer trimestre de 2025 ya habían ingresado USD 291,3 millones
Este flujo representa hasta el 19 % del valor agregado bruto de la región, no solo edificando casas, sino también reconstruyendo comunidad y memoria.
María, quien emigró hace 17 años a Nueva York, empezó limpiando casas y hoy envía USD 600 semanales a Paute: la mitad para terminar el segundo piso; la otra, para sembrar esperanza. “No puedo regresar todavía, pero mi nombre ya está escrito en esa casa”, dice mientras muestra la obra por videollamada.
Esa misma fuerza impulsa el récord de remesas: entre enero y marzo de 2025, Ecuador recibió USD 1 724,3 millones desde el exterior, de los cuales el 75 % provino de Estados Unidos, mostrando un alza del 23,7 % interanual
Este fenómeno va más allá de la economía: es arquitectura y resistencia. Desde el Bronx hasta Azuay, cada ladrillo simboliza un intento por reconstruir raíces, dotar al sacrificio de forma y proyectar un futuro donde la migración ya no sea solo una ruptura, sino una construcción.
Fuente: Primicias